

El verano, con su sol generoso y sus días interminables, invita a la ligereza, también en la mesa. ¿Y qué hay mejor, en una tarde calurosa, que un buen vaso fresco y aromático de leche de almendra? Refrescante, natural y con el dulzor justo: es la bebida perfecta para refrescarse con gusto, redescubriendo al mismo tiempo los sabores auténticos de la tradición mediterránea.
Entre los símbolos más queridos del sur de Italia, la leche de almendra es mucho más que una simple bebida: es un ritual, un pequeño placer, una receta casera transmitida de generación en generación. Y hoy nos la cuenta nuestra Cesarina Gilda de Siracusa, que en su cocina prepara este elixir blanco siguiendo los gestos lentos y precisos de antaño.
Una antigua historia siciliana
La leche de almendra tiene sus raíces en la Sicilia medieval, cuando en los monasterios de la isla se producía para suplir la escasa disponibilidad y conservación de la leche animal. Es, por tanto, mucho más antigua que las modernas tendencias plant-based: una intuición genial que unía necesidad y sabor. Gracias a su larga conservación y a su sabor delicado, esta bebida vegetal se difundió rápidamente también en Calabria, Apulia, Basilicata y Campania, convirtiéndose en parte integrante del verano del sur de Italia.

Prepararla es sencillo, pero la regla de oro es una: usar almendras de calidad, mejor si son locales. El proceso prevé una infusión en frío, seguida de un prensado delicado de las almendras trituradas en agua. ¿El resultado? Una bebida de sabor envolvente, naturalmente sin gluten ni lactosa, rica en vitamina E, ligera y baja en calorías. Perfecta para quienes siguen una dieta vegana o buscan una alternativa saludable a la leche tradicional. Deliciosa sola, la leche de almendra también es un ingrediente versátil para batidos, postres, cremas o granizados.
Pros y contras de la leche de almendra
La leche de almendra ayuda a controlar el colesterol, favorece la salud intestinal y aporta grasas “buenas” beneficiosas para el corazón. Sin embargo, hay que recordar que no es rica en proteínas y que, en grandes cantidades, puede no ser recomendable para quienes sufren de cálculos renales debido a su contenido en oxalatos de calcio. Como en todo, la clave está en el equilibrio.


Leche de almendra
Una bebida refrescante y natural para combatir el calor del verano
Ingredientes
- 200 g de almendras peladas
- 1 l de agua natural
- 85 g de miel de acacia o de azahar (o 100 g de azúcar)
Procedimiento
- Pon las almendras peladas en remojo en un bol con medio litro de agua a temperatura ambiente durante toda la noche para que se ablanden.
- Pasado este tiempo, escúrrelas y conserva el agua del remojo, a la que añadirás el medio litro restante.
- Tritura las almendras a velocidad alterna, añadiendo poco a poco el agua y la miel (o el azúcar).
- Una vez bien trituradas, utiliza un colador de malla fina forrado con un paño limpio de lino.
- Filtra el líquido para separarlo de la pulpa de almendra.
- Finalmente, con la ayuda de un embudo, vierte la leche en una botella de vidrio.
- Guarda en el frigorífico.